sábado, 7 de enero de 2012

La Iglesia Cristiana y el Chisme




Entre las muchas características que podemos atribuir al ser humano se encuentra su capacidad de comunicación, tanto consigo mismo como con otros; la cual se sirve de diversos métodos, tipos, estilos, reglas y prácticas comunicacionales.

El proceso de transmisión e intercambio de conocimientos, datos, e información general es indispensable para entender no sólo la evolución y desarrollo del ser humano como especie sino también para entenderle como creador/a o gestor/a de sus "realidades" psicosociales e históricas.

La comunicación cumple funciones de facilitación social en el intercambio de información contribuyendo a la interacción de convivencia del individuo dentro de su grupo social. Sin embargo, algunos tipos de comunicación promueven el conflicto social; entre los que se encuentran los fenómenos sociales comunicacionales del chisme y el rumor; fenómenos que han incrementado y han sido descritos como un nuevo y endémico problema social que está afectando la calidad de vida social en el mundo moderno; razón por la cual se ha convertido, también en foco de atención,  reflexiva, de intervención e investigativa, entre los profesionales de las ciencias de la conducta humana.

La pregunta en cuestión es como el chisme afecta a los grupos sociales y  las consecuencias que genera en estos.

En el transcurso y desarrollo de este trabajo plantearemos esta problemática y haremos un análisis de sus consecuencias.
 JUSTIFICACIÓN

¿Porque esto es objeto de un problema de investigación?  Porque La conducta del chisme y el rumor por efecto de ambos van en detrimento para la convivencia social, tanto en el ámbito individual como grupal. El incremento de tales conductas parece crear, promover y complicar mayores problemas sociales, comunitarios, morales y psicológicos


El estudio científico desde el punto de vista teórico y práctico de este problema, puede contribuir a comprender mejor estos procesos, de forma que permitan la elaboración de alternativas de manejo e intervención desde la disciplina de la Psicología Social-Comunitaria. En la comunicación y en el lenguaje humano se encuentran las formas de creación de realidades psicosociales según las teorías sobre el Construccionismo Social. Por eso, es importante atender al estudio de estas formas nocivas, a veces tóxicas, de construcción de realidades distorsionadas que afectan los procesos de grupo.

OBJETIVO GENERAL

Conocer que consecuencias negativas tiene el chisme en los grupos sociales cristianos (llámese iglesias, comunidades o congregaciones)

OBJETIVOS ESPECÍFICOS

1. Investigar  que significado tiene para este determinado grupo social la palabra chisme

2. Establecer que diferencias hacen estas personas entre el significado del chisme, calumnia y rumor

3. Identificar que herramientas pueden aportarse para lograr reducir la proliferación del chisme en estos grupos sociales cristianos.

MARCO TEÓRICO

DE LAS REPRESENTACIONES SOCIALES:

Aunque el concepto de representación social puede encontrase en diferentes textos de psicología y psicología social, su elaboración conceptual y formulación teórica es relativamente reciente y se debe a Serge Moscovici (1961). La finalidad de este psicólogo social es la de reformular en términos psicosociales el concepto durkheimniano de representación colectiva. Para Durkheim (1898) las representaciones colectivas son formas de conocimiento o ideación construidas socialmente y que no pueden explicarse como epifenómenos de la vida individual o recurriendo a una psicología individual. Según Moscovici, el concepto de representación social difiere del de representación colectiva en que el primero tiene un carácter más dinámico.

En opinión de este psicólogo social las representaciones sociales no son sólo productos mentales sino que son construcciones simbólicas que se crean y recrean en el curso de las interacciones sociales; no tienen un carácter estático ni determinan inexorablemente las representaciones individuales. Son definidas como maneras específicas de entender y comunicar la realidad e influyen a la vez que son determinadas por las personas a través de sus interacciones. En resumen, en opinión de Moscovici (1984) las representaciones colectivas son mecanismos explicativos que se refieren a una clase general de ideas y creencias, mientras que las representaciones sociales son fenómenos que necesitan ser descritos y explicados. El propio Moscovici (1981, p.181) las define como un "conjunto de conceptos, declaraciones y explicaciones originadas en la vida cotidiana, en el curso de las comunicaciones interindividuales.

Equivalen, en nuestra sociedad, a los mitos y sistemas de creencias de las sociedades tradicionales; puede, incluso, afirmarse que son la versión contemporánea del sentido común". Estas formas de pensar y crear la realidad social están constituidas por elementos de carácter simbólico ya que no son sólo formas de adquirir y reproducir el conocimiento, sino que tienen la capacidad de dotar de sentido a la realidad social. Su finalidad es la de transformar lo desconocido en algo familiar. Este principio de carácter motivacional tiene, en opinión de Moscovici, un carácter universal.

Dos son los procesos a través de los cuales se generan las representaciones sociales. El primero es definido como anclaje y supone un proceso de categorización a través del cual clasificamos y damos un nombre a las cosas y a las personas. Este proceso permite transformar lo desconocido en un sistema de categorías que nos es propio. El segundo proceso es definido como objetivación y consiste en transformar entidades abstractas en algo concreto y material, los productos del pensamiento en realidades físicas, los conceptos en imágenes (Moscovici, 1981, 1984).

Estos mecanismos, a través de los cuales se forman las representaciones sociales, sirven para la definición de los grupos sociales al tiempo que guían su acción.

Desde su formulación original, las investigaciones sobre representaciones sociales han ido creciendo en número y diversificándose su campo de análisis. Los estudios sobre las representaciones sociales del psicoanálisis, la ciudad y el espacio urbano, la enfermedad mental, el cuerpo, etc. son algunos de los muchos ejemplos que cabe citar sobre la aplicación de este enfoque al estudio empírico ( Farr y Moscovici, 1984 e Ibáñez, 1988). Pese a lo fructífero de su formulación como herramienta de análisis de la realidad social, diversos autores han realizado diferentes críticas a la "teoría" de las representaciones sociales ( Alvaro, 1995). De entre las realizadas podemos destacar las referidas a su ambigüedad definicional, a la que el propio Moscovici responde señalando que dicha ambigüedad supone una ventaja al dejar abierta la posibilidad de incorporar elementos nuevos a la teoría, y a la no elaboración sistemática de sus diferencias con respecto al concepto de representación colectiva utilizado por Durkheim y del que el propio Moscovici se declara deudor.

En primer lugar, la ambigüedad conceptual con que está formulada la teoría hace que ésta sea difícilmente distinguible de enfoques teóricos como el propuesto por Berger y Luckman (1968) o de conceptos afines como el de actitud. Con respecto a las diferencias entre las actitudes y las representaciones sociales dos son los aspectos que han sido destacados como rasgos diferenciadores. El primero hace referencia al carácter social y no individual de las representaciones sociales. El segundo se refiere a la consideración de las actitudes como reacciones individuales a los estímulos del medio, mientras que las representaciones sociales determinarían dichos estímulos. Su papel, por tanto, sería el de servir a la construcción simbólica del medio social. Ambas diferencias, destacadas por diferentes psicólogos sociales partidarios del uso de este enfoque en la investigación, quedan eliminadas si adoptamos una concepción sociólogica de las actitudes como la propuesta por Torregrosa (1968).

Para este psicólogo social una concepción sociológica de las actitudes supone destacar su determinación social en un triple sentido: tienen su origen en la interacción simbólica, caracterizan a los grupos sociales y el objeto al que se refieren es, también, de naturaleza social. Asimismo, tampoco los teóricos de este enfoque han contrastado la noción de representación social con la de sistemas ideológicos. Al igual que en el caso de las actitudes, cada autor nos da una definición en parte diferente de cada uno de ambos conceptos; mientras que en algunos casos se destaca la interdependencia entre ideologías y representaciones sociales, en otros, se acentúan sus diferencias al indicar que la ideología sirve para legitimar las creencias o el comportamiento de un grupo social mientras que las representaciones sirven para dar sentido y comprender la realidad social.

En segundo lugar, aunque Moscovici se declara deudor de Durkheim, no elabora más que de forma superficial lo que diferencia su enfoque del construído por el sociólogo francés y que motiva la sustitución de la noción de "representación colectiva" por la de "representación social".

Pese a estas críticas, el estudio de las representaciones sociales se ha convertido en una importante área de reflexión teórica e investigación psicosocial. Sin su formulación por Moscovici, no se hubiesen generado todo un conjunto, cada vez más numeroso, de investigaciones psicosociales. Al mismo tiempo, aunque inintencionadamente, ha dado lugar a un debate teórico sobre sus similitudes y diferencias con enfoques y conceptos afines. Asimismo, su énfasis en la construcción social del conocimiento, dentro de los estudios sobre cognición social, hace de este enfoque teórico las señas de identidad de una psicología social cada vez más alejada del sesgo psicologista que ha caracterizado una parte considerable de sus razonamientos teóricos e investigación empírica.

DEL CHISME:

Desde la Psicología Evolutiva una investigación sobre el chisme indica que esta es una actividad necesaria para la supervivencia e innata dentro de la especie humana, lo cual hace presuponer que el chisme es inevitable, positivo y necesario.

Desde otras perspectivas, algunos teóricos coinciden en identificar el chisme como algo positivo e inevitable también. Rosnow (2005), coautor del libro Rumor and Gossip: The Social Psychology of Hearsay, menciona que el chisme y el rumor cumplen con funciones importantes tanto sociales como psicológicas pues sirven para que las personas establezcan enlaces sociales que los mantienen juntos mediante la creación de fuerzas que comunican los códigos morales del grupo. Según este autor, el chisme contribuye a evitar que seamos indiferentes los/as unos/as de los/as otros/as. Sirve además para controlar la moralidad y los asuntos dentro de grupos pequeños. Finalmente, ayuda a organizar los grupos en cuanto al posicionamiento social de los miembros: aquellos más importantes generarán más chismes; igualmente, aquellos con más información, tenderán a ser muy populares y solicitados en su grupo. Cita el Dr. Rosnow a otros investigadores como al Dr. Jack Levin (profesor de Sociología y Criminología en el Boston's Northeastern University y co-autor del libro Gossip: The Inside Scoop.) quien indica que el chisme es necesario para establecer comparaciones sociales.

La variable sexo, o diferencias por género, también ha sido estudiada en el chisme. Un estudio del Dr. Jeffrey Parker encontró que entre pre-adolescentes se chismea un promedio de 18 veces cada hora, invirtiéndose hasta el 50 % del tiempo en chismes, en los cuales es tres veces más probable chismear sobre personas del propio sexo que de personas del sexo contrario. Las diferencias por género reflejan que las niñas hablan más de todo el mundo, incluyendo hablar sobre los varones populares o los que les gustan, en tanto que los varones son más parcos entre sí. También encontró que las parejas de amigas (femeninas) chismeaban más entre sí que las parejas de amigos varones entre ellos. 

Durante la Segunda Guerra mundial, Allport y Postman (1947) realizaron estudios sobre los efectos negativos del chisme, temiendo que rumores alarmistas sobre amenazas militares lesionaran la moral nacional en Estados Unidos. Sus conclusiones fueron publicadas en el libro titulado La Psicología del Rumor, que contiene la definición psicológica del rumor como "una proposición de creencia específica, pasada de persona a persona, usualmente de boca a boca, sin los estándares de seguridad de evidencia presente. La implicación de cualquier rumor es que tiene algo de cierto. Esta implicación se sostiene aún cuando el relator previene su comentario con el aviso: Es solo un rumor, pero lo que he escuchado es..." Allport y Postman sostienen que el rumor surge ante la falta de noticias.
Desarrollaron un pronunciado matemático que intentaban fuera considerado como la ley básica del rumor, a seguir: " rumor strength (R) will vary with the importance of the subject to the individual concerned (i) times the ambiguity of the evidence pertaining to the topic at hand (a), or Ri × a. En esta teoría se trata de cuantificar la conducta del chisme, obviamente desde la presión e influencia positivista de su época, y también se simplifica el motivo de la conducta estableciendo el déficit de información veraz como su única causa.

Rosnow & Forter (2005) organizan los períodos de interés por la investigación sobre el chisme y los rumores en E.U. en varios períodos. El primero ocurre en la década del 40, siglo XX, iniciado con los estudios de Allport y Postman, y seguidos por otros realizados por Back, Festinger, Kelley, Schachter, & Thibaut, 1950; Hachter & Burdick, 1955. Luego de un período de indiferencia, el tema resurge para la década de los 60’s, con personas como Tamotsu Shibutani's (1966), los estudios de Milgram y Toch's (1969) sobre la conducta colectiva, Morin, 1971; Knopf, 1975; Rosnow & Fine, 1976), Fine & Turner, 2001; Goodman & Ben-Ze'ev, 1994; Kapferer, 1990; Kimmel, 2004; Koenig, 1985; Levin & Arluke, 1987; Spitzberg & Cupach, 1998 y Turner, 1993). 

No todos coinciden en la función positiva o natural del chisme y del rumor. Las manipulaciones que ocurren en el chisme pueden ser falseamientos concientes de las capacidades de "los otros" para justificar sentimientos negativos hacia los demás en donde ocurre y se produce cierto grado de daño. Allport decía que el rumor transmite mentiras que si bien tienen algo de verdad, éstas fueron distorsionadas, y ya no son verdades, por tanto no son positivas por cuanto constituye información falsa.

Algunos teóricos han desarrollado clasificaciones para el rumor y el chisme. Knapp identifica tres tipos de rumores: los que expresan deseos y anhelos, los que expresan miedo y ansiedades y los agresivos. También, Knapp describe la estructura del rumor como enunciado compuesto de dos cosas: un sujeto animado u objeto, y un predicado en donde existe, o se coloca, la atribución de una acción.  Otro autor, Rouquette, elabora otra clasificación para los rumores en la que existen dos tipos: el rumor expresivo y el rumor informativo.

En resumen, el chisme y el rumor han sido definidos por igual como procesos negativos y positivos. Sería interesante diferenciar cuando son de cada uno de estos y explorar si la situación real actual es una donde el chisme es problemático o si simplemente continúa con la función de nivelar, desahogar, enlazar y construir relaciones positivas y deseables, como parecen algunos teóricos sugerir. 
                                                                                                                                   narces@msn.com