Entre
las muchas características que podemos atribuir al ser humano se encuentra su
capacidad de comunicación, tanto consigo mismo como con otros; la cual
se sirve de diversos métodos, tipos, estilos, reglas y prácticas
comunicacionales.
El
proceso de transmisión e intercambio de conocimientos, datos, e información
general es indispensable para entender no sólo la evolución y desarrollo del
ser humano como especie sino también para entenderle como creador/a o gestor/a
de sus "realidades" psicosociales e históricas.
La
comunicación cumple funciones de facilitación social en el intercambio de
información contribuyendo a la interacción de convivencia del individuo dentro
de su grupo social. Sin embargo, algunos tipos de comunicación promueven el conflicto social;
entre los que se encuentran los fenómenos sociales comunicacionales
del chisme y el rumor; fenómenos que han
incrementado y han sido descritos como un nuevo y endémico problema social que
está afectando la calidad de vida social en el mundo moderno; razón por la cual
se ha convertido, también en foco de atención,
reflexiva, de intervención e investigativa, entre los profesionales de
las ciencias de la conducta humana.
La
pregunta en cuestión es como el chisme afecta a los grupos sociales y las consecuencias que genera en estos.
En
el transcurso y desarrollo de este trabajo plantearemos esta problemática y haremos
un análisis de sus consecuencias.
JUSTIFICACIÓN
¿Porque
esto es objeto de un problema de investigación? Porque La conducta del chisme y el rumor por
efecto de ambos van en detrimento para la convivencia social, tanto en el
ámbito individual como grupal. El incremento de tales conductas parece crear,
promover y complicar mayores problemas sociales, comunitarios, morales y
psicológicos
El
estudio científico desde el punto de vista teórico y práctico de este problema,
puede contribuir a comprender mejor estos procesos, de forma que permitan la
elaboración de alternativas de manejo e intervención desde la disciplina de la Psicología
Social-Comunitaria. En la comunicación y en el lenguaje
humano se encuentran las formas de creación de realidades psicosociales según
las teorías sobre el Construccionismo Social. Por eso, es importante atender al
estudio de estas formas nocivas, a veces tóxicas, de construcción de realidades
distorsionadas que afectan los procesos de grupo.
OBJETIVO GENERAL
Conocer que consecuencias negativas tiene
el chisme en los grupos sociales cristianos (llámese iglesias, comunidades o
congregaciones)
OBJETIVOS
ESPECÍFICOS
1. Investigar que significado tiene para este determinado
grupo social la palabra chisme
2. Establecer que diferencias hacen estas
personas entre el significado del chisme, calumnia y rumor
3. Identificar que herramientas pueden aportarse
para lograr reducir la proliferación del chisme en estos grupos sociales
cristianos.
MARCO TEÓRICO
DE LAS REPRESENTACIONES
SOCIALES:
Aunque el concepto de representación
social puede encontrase en diferentes textos de psicología y psicología social,
su elaboración conceptual y formulación teórica es relativamente reciente y se
debe a Serge Moscovici (1961). La finalidad de este psicólogo social es la de
reformular en términos psicosociales el concepto durkheimniano de
representación colectiva. Para Durkheim (1898) las representaciones colectivas
son formas de conocimiento o ideación construidas socialmente y que no pueden
explicarse como epifenómenos de la vida individual o recurriendo a una
psicología individual. Según Moscovici, el concepto de representación social
difiere del de representación colectiva en que el primero tiene un carácter más
dinámico.
En opinión de este psicólogo social
las representaciones sociales no son sólo productos mentales sino que son
construcciones simbólicas que se crean y recrean en el curso de las
interacciones sociales; no tienen un carácter estático ni determinan
inexorablemente las representaciones individuales. Son definidas como maneras
específicas de entender y comunicar la realidad e influyen a la vez que son
determinadas por las personas a través de sus interacciones. En resumen, en
opinión de Moscovici (1984) las representaciones colectivas son mecanismos
explicativos que se refieren a una clase general de ideas y creencias, mientras
que las representaciones sociales son fenómenos que necesitan ser descritos y
explicados. El propio Moscovici (1981, p.181) las define como un "conjunto
de conceptos, declaraciones y explicaciones originadas en la vida cotidiana, en
el curso de las comunicaciones interindividuales.
Equivalen, en nuestra sociedad, a los
mitos y sistemas de creencias de las sociedades tradicionales; puede, incluso,
afirmarse que son la versión contemporánea del sentido común". Estas
formas de pensar y crear la realidad social están constituidas por elementos de
carácter simbólico ya que no son sólo formas de adquirir y reproducir el
conocimiento, sino que tienen la capacidad de dotar de sentido a la realidad
social. Su finalidad es la de transformar lo desconocido en algo familiar. Este
principio de carácter motivacional tiene, en opinión de Moscovici, un carácter
universal.
Dos son los procesos a través de los
cuales se generan las representaciones sociales. El primero es definido como
anclaje y supone un proceso de categorización a través del cual clasificamos y
damos un nombre a las cosas y a las personas. Este proceso permite transformar
lo desconocido en un sistema de categorías que nos es propio. El segundo
proceso es definido como objetivación y consiste en transformar entidades
abstractas en algo concreto y material, los productos del pensamiento en
realidades físicas, los conceptos en imágenes (Moscovici, 1981, 1984).
Estos mecanismos, a través de los
cuales se forman las representaciones sociales, sirven para la definición de
los grupos sociales al tiempo que guían su acción.
Desde su formulación original, las
investigaciones sobre representaciones sociales han ido creciendo en número y
diversificándose su campo de análisis. Los estudios sobre las representaciones
sociales del psicoanálisis, la ciudad y el espacio urbano, la enfermedad
mental, el cuerpo, etc. son algunos de los muchos ejemplos que cabe citar sobre
la aplicación de este enfoque al estudio empírico ( Farr y Moscovici, 1984 e
Ibáñez, 1988). Pese a lo fructífero de su formulación como herramienta de
análisis de la realidad social, diversos autores han realizado diferentes
críticas a la "teoría" de las representaciones sociales ( Alvaro,
1995). De entre las realizadas podemos destacar las referidas a su ambigüedad definicional,
a la que el propio Moscovici responde señalando que dicha ambigüedad supone una
ventaja al dejar abierta la posibilidad de incorporar elementos nuevos a la
teoría, y a la no elaboración sistemática de sus diferencias con respecto al
concepto de representación colectiva utilizado por Durkheim y del que el propio
Moscovici se declara deudor.
En primer lugar, la ambigüedad
conceptual con que está formulada la teoría hace que ésta sea difícilmente
distinguible de enfoques teóricos como el propuesto por Berger y Luckman (1968)
o de conceptos afines como el de actitud. Con respecto a las diferencias entre
las actitudes y las representaciones sociales dos son los aspectos que han sido
destacados como rasgos diferenciadores. El primero hace referencia al carácter
social y no individual de las representaciones sociales. El segundo se refiere
a la consideración de las actitudes como reacciones individuales a los
estímulos del medio, mientras que las representaciones sociales determinarían
dichos estímulos. Su papel, por tanto, sería el de servir a la construcción
simbólica del medio social. Ambas diferencias, destacadas por diferentes
psicólogos sociales partidarios del uso de este enfoque en la investigación,
quedan eliminadas si adoptamos una concepción sociólogica de las actitudes como
la propuesta por Torregrosa (1968).
Para este psicólogo social una
concepción sociológica de las actitudes supone destacar su determinación social
en un triple sentido: tienen su origen en la interacción simbólica,
caracterizan a los grupos sociales y el objeto al que se refieren es, también,
de naturaleza social. Asimismo, tampoco los teóricos de este enfoque han
contrastado la noción de representación social con la de sistemas ideológicos.
Al igual que en el caso de las actitudes, cada autor nos da una definición en
parte diferente de cada uno de ambos conceptos; mientras que en algunos casos
se destaca la interdependencia entre ideologías y representaciones sociales, en
otros, se acentúan sus diferencias al indicar que la ideología sirve para
legitimar las creencias o el comportamiento de un grupo social mientras que las
representaciones sirven para dar sentido y comprender la realidad social.
En segundo lugar, aunque Moscovici se
declara deudor de Durkheim, no elabora más que de forma superficial lo que
diferencia su enfoque del construído por el sociólogo francés y que motiva la
sustitución de la noción de "representación colectiva" por la de
"representación social".
Pese a estas críticas, el estudio de
las representaciones sociales se ha convertido en una importante área de
reflexión teórica e investigación psicosocial. Sin su formulación por
Moscovici, no se hubiesen generado todo un conjunto, cada vez más numeroso, de
investigaciones psicosociales. Al mismo tiempo, aunque inintencionadamente, ha
dado lugar a un debate teórico sobre sus similitudes y diferencias con enfoques
y conceptos afines. Asimismo, su énfasis en la construcción social del
conocimiento, dentro de los estudios sobre cognición social, hace de este
enfoque teórico las señas de identidad de una psicología social cada vez más
alejada del sesgo psicologista que ha caracterizado una parte considerable de
sus razonamientos teóricos e investigación empírica.
DEL
CHISME:
Desde la Psicología Evolutiva
una investigación sobre el chisme indica que esta es una actividad necesaria
para la supervivencia e innata dentro de la especie humana, lo cual hace
presuponer que el chisme es inevitable, positivo y necesario.
Desde
otras perspectivas, algunos teóricos coinciden en identificar el chisme como
algo positivo e inevitable también. Rosnow (2005), coautor del libro Rumor and Gossip: The Social
Psychology of Hearsay, menciona que el chisme y el rumor cumplen
con funciones importantes tanto sociales como psicológicas pues sirven para que
las personas establezcan enlaces sociales que los mantienen juntos mediante la
creación de fuerzas que comunican los códigos morales del grupo. Según este
autor, el chisme contribuye a evitar que seamos indiferentes los/as unos/as de
los/as otros/as. Sirve además para controlar la moralidad y los asuntos dentro
de grupos pequeños. Finalmente, ayuda a organizar los grupos en cuanto al
posicionamiento social de los miembros: aquellos más importantes generarán más
chismes; igualmente, aquellos con más información, tenderán a ser muy populares
y solicitados en su grupo. Cita el Dr. Rosnow a otros investigadores como al
Dr. Jack Levin (profesor de Sociología y Criminología en el Boston's
Northeastern University y co-autor del libro Gossip:
The Inside Scoop.) quien indica que el chisme es necesario para
establecer comparaciones sociales.
La
variable sexo, o diferencias por género, también ha sido estudiada en el
chisme. Un estudio del Dr. Jeffrey Parker encontró que entre pre-adolescentes
se chismea un promedio de 18 veces cada hora, invirtiéndose hasta el 50 % del
tiempo en chismes, en los cuales es tres veces más probable chismear sobre
personas del propio sexo que de personas del sexo contrario. Las diferencias
por género reflejan que las niñas hablan más de todo el mundo, incluyendo
hablar sobre los varones populares o los que les gustan, en tanto que los
varones son más parcos entre sí. También encontró que las parejas de amigas
(femeninas) chismeaban más entre sí que las parejas de amigos varones entre
ellos.
Durante
la Segunda Guerra
mundial, Allport y Postman (1947) realizaron estudios sobre los efectos
negativos del chisme, temiendo que rumores alarmistas sobre amenazas militares
lesionaran la moral nacional en Estados Unidos. Sus conclusiones fueron
publicadas en el libro titulado La Psicología del Rumor, que contiene
la definición psicológica del rumor como "una proposición de creencia
específica, pasada de persona a persona, usualmente de boca a boca, sin los
estándares de seguridad de evidencia presente. La implicación de cualquier
rumor es que tiene algo de cierto. Esta implicación se sostiene aún cuando el
relator previene su comentario con el aviso: Es
solo un rumor, pero lo que he escuchado es..." Allport y
Postman sostienen que el rumor surge ante la falta de noticias.
Desarrollaron
un pronunciado matemático que intentaban fuera considerado como la ley básica
del rumor, a seguir: " rumor strength (R)
will vary with the importance of the subject to the individual concerned (i) times the ambiguity of
the evidence pertaining to the topic at hand (a), or R
≈ i × a. En esta teoría se trata
de cuantificar la conducta del chisme, obviamente desde la presión e influencia
positivista de su época, y también se simplifica el motivo de la conducta
estableciendo el déficit de información veraz como su única causa.
Rosnow
& Forter (2005) organizan los períodos de interés por la investigación
sobre el chisme y los rumores en E.U. en varios períodos. El primero ocurre en
la década del 40, siglo XX, iniciado con los estudios de Allport y Postman, y
seguidos por otros realizados por Back, Festinger, Kelley, Schachter, &
Thibaut, 1950; Hachter & Burdick, 1955. Luego de un período de
indiferencia, el tema resurge para la década de los 60’s, con personas como
Tamotsu Shibutani's (1966), los estudios de Milgram y Toch's (1969) sobre la
conducta colectiva, Morin, 1971; Knopf, 1975; Rosnow & Fine, 1976), Fine
& Turner, 2001; Goodman & Ben-Ze'ev, 1994; Kapferer, 1990; Kimmel,
2004; Koenig, 1985; Levin & Arluke, 1987; Spitzberg & Cupach, 1998 y
Turner, 1993).
No
todos coinciden en la función positiva o natural del chisme y del rumor. Las
manipulaciones que ocurren en el chisme pueden ser falseamientos concientes de
las capacidades de "los otros" para justificar sentimientos negativos
hacia los demás en donde ocurre y se produce cierto grado de daño. Allport
decía que el rumor transmite mentiras que si bien tienen algo de verdad, éstas
fueron distorsionadas, y ya no son verdades, por tanto no son positivas por
cuanto constituye información falsa.
Algunos
teóricos han desarrollado clasificaciones para el rumor y el chisme. Knapp
identifica tres tipos de rumores: los que expresan deseos y anhelos, los que
expresan miedo y ansiedades y los agresivos. También, Knapp describe la
estructura del rumor como enunciado compuesto de dos cosas: un sujeto animado u
objeto, y un predicado en donde existe, o se coloca, la atribución de una
acción. Otro autor, Rouquette, elabora
otra clasificación para los rumores en la que existen dos tipos: el rumor expresivo
y el rumor informativo.
En
resumen, el chisme y el rumor han sido definidos por igual como procesos
negativos y positivos. Sería interesante diferenciar cuando son de cada uno de
estos y explorar si la situación real actual es una donde el chisme es
problemático o si simplemente continúa con la función de nivelar, desahogar,
enlazar y construir relaciones positivas y deseables, como parecen algunos
teóricos sugerir.
narces@msn.com
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